Prevención · Divulgación

El corazón no lee la báscula: lo que de verdad importa de tu grasa

Agosto de 2026 · 7 min de lectura

A raíz de la entrevista en COPE · La Linterna, sobre el estudio publicado en JACC que replantea cómo medimos el riesgo cardiovascular.

Hace unos días participé en una entrevista en COPE a raíz de un estudio publicado en JACC que, creo, merece mucha más atención de la que suele darse a este tipo de trabajos. Analiza a casi 260.000 personas durante una media de 20 años y llega a una conclusión que, aunque a los cardiólogos no nos sorprende del todo, sigue sin calar en la consulta del día a día: el peso, por sí solo, nos está engañando a todos.

Quiero desarrollar aquí, con más calma de la que da la radio, las cuatro ideas que fueron el eje de esa conversación.

Infografía: Perímetro abdominal, una señal de riesgo cardiovascular oculto. Resumen visual de la entrevista en COPE · La Linterna.
Resumen visual de la entrevista en COPE · La Linterna

1. Por qué el IMC ya no es suficiente para valorar el riesgo cardiovascular

El índice de masa corporal —ese cociente entre peso y altura al cuadrado que todos hemos calculado alguna vez— es, en el fondo, un índice ciego. Nos dice cuánto pesamos, pero no nos dice de qué está hecho ese peso.

Me gusta explicarlo con una imagen sencilla: el IMC es como pesar una maleta sin poder abrirla. Sabes el número que marca la báscula del aeropuerto, pero no sabes si dentro hay ropa, libros o piedras. El cuerpo humano funciona igual. Dos personas pueden compartir peso y estatura idénticos y, sin embargo, llevar ese peso de forma completamente distinta: una en forma de músculo y agua, la otra en forma de grasa acumulada alrededor de sus órganos internos.

Esa diferencia —de qué está hecho el peso, y sobre todo dónde se aloja la grasa— es exactamente la que decide si el corazón corre peligro o no. El estudio de JACC, con nueve desenlaces cardiovasculares distintos (desde el infarto hasta la insuficiencia cardíaca, la fibrilación auricular o la mortalidad), demuestra que ignorar la circunferencia de cintura o el índice cintura-cadera lleva a clasificar mal el riesgo real de una parte muy significativa de la población.

2. El "aparentemente sano": cuando la báscula miente

Aquí es donde el estudio se pone realmente interesante. Existe un fenotipo que en la literatura científica se conoce como TOFI —del inglés thin outside, fat inside, "delgado por fuera, graso por dentro"—. Son personas con un IMC completamente normal, pero con una acumulación preferente de grasa visceral y ectópica: alrededor del hígado, del corazón, de los vasos sanguíneos. No tienen el exceso de grasa subcutánea total que normalmente dispararía el IMC, así que en una consulta rápida, guiada solo por la báscula, pasan completamente desapercibidas.

Y sin embargo, metabólicamente, se comportan como una persona obesa. En el estudio, entre las personas con normopeso, un 5% tenía la circunferencia de cintura elevada y un 18% el índice cintura-cadera alto. Ese grupo mostró entre un 15% y un 50% más de riesgo cardiovascular en la mayoría de los eventos estudiados, pese a que su IMC decía que todo estaba en orden.

¿Por qué es tan importante esta grasa "escondida"? Porque, a diferencia de la grasa que se acumula bajo la piel —la que uno puede pellizcarse en el brazo o el muslo, relativamente tranquila, casi un simple almacén de energía—, la grasa visceral es metabólicamente activa. Se comporta casi como una glándula: libera de forma continua sustancias inflamatorias, como si mandara señales de alarma constantes al resto del organismo. Su localización, rodeando directamente las vísceras y con drenaje venoso hacia el hígado, hace que esas sustancias lleguen primero al hígado, generando alteraciones en el colesterol y resistencia a la insulina. El resultado final es un cóctel peligroso: peor funcionamiento del revestimiento interno de las arterias, mayor tendencia de la sangre a coagularse, y un remodelado progresivo del corazón que termina conectando esta grasa invisible con la fibrilación auricular y la insuficiencia cardíaca.

3. ¿Y al revés? Personas con obesidad y menos riesgo del esperado

El estudio también documenta el fenómeno contrario, y es igual de revelador. Entre las personas con obesidad, un 9% tenía la circunferencia de cintura baja y un 45% el índice cintura-cadera bajo: es decir, predominaba la grasa periférica —glúteo-femoral— sobre la grasa visceral. Este grupo no mostró un riesgo cardiovascular significativamente distinto al de las personas con normopeso, e incluso presentó una mortalidad por cualquier causa menor.

¿A qué se debe? La grasa subcutánea de distribución periférica se comporta de forma muy distinta a la visceral: tiene mayor capacidad de expandirse creando nuevos adipocitos en lugar de agrandar los que ya existen —que es lo típico de la grasa visceral—, es más sensible a la insulina y actúa, en cierto modo, como un "sumidero" seguro de los ácidos grasos que circulan por la sangre, evitando que se depositen donde no deberían: el hígado, el músculo, el corazón.

La lección de fondo es que no toda obesidad es igual de peligrosa. No importa solo cuánta grasa hay, sino dónde decide el cuerpo guardarla.

4. En la práctica: por qué la grasa visceral debería importarnos a todos

Porque el riesgo cardiovascular no depende de la cantidad absoluta de tejido graso, sino de su localización anatómica y de su comportamiento hormonal. El eje que conecta grasa visceral, inflamación, resistencia a la insulina y disfunción del endotelio es el mecanismo unificador que explica buena parte del espectro de la enfermedad cardiovascular, desde el infarto hasta la insuficiencia cardíaca.

Por eso el editor jefe de JACC, Harlan Krumholz, se ha mostrado tan contundente al afirmar que es momento de abandonar el enfoque exclusivo en el IMC, y que la circunferencia de cintura y el índice cintura-cadera deberían formar parte de la valoración cardiovascular rutinaria. En la misma línea, la autora principal del estudio, Zeina Dardari, anima a los clínicos a considerar la distribución de la adiposidad central en todo el espectro de IMC, especialmente en prevención primaria —es decir, antes de que aparezca la enfermedad.

Y lo mejor de todo es lo accesible que resulta esta información: medir la cintura con una simple cinta métrica es barato, rápido y factible en cualquier consulta, ya sea de atención primaria, cardiología o endocrinología. No sustituye al IMC, lo complementa —y aporta una información pronóstica que el peso, por sí solo, jamás podrá darnos.

Una precisión importante

Como en todo estudio observacional, hay que mencionar sus límites: no incluyó medidas de actividad física, dieta ni riesgo genético de obesidad, y solo se tomó una medición puntual de cintura y cadera, lo que impide saber cómo influyen los cambios en la grasa central a lo largo del tiempo. Tampoco conviene olvidar que los puntos de corte estándar (94/80 cm y 102/88 cm) están calibrados sobre todo en población caucásica; la evidencia sugiere que deberían ajustarse en población de origen asiático, y probablemente también por edad y sexo.

La cintura, en definitiva, es una herramienta de cribado, no un diagnóstico por sí sola. Un valor elevado no confirma una enfermedad, pero sí debería motivar una evaluación de riesgo cardiometabólico más completa —perfil lipídico, glucemia, presión arterial—, especialmente cuando el IMC parece tranquilizarnos.

El corazón no lee la báscula.
Lee el mapa de dónde vive la grasa.
Y ese mapa se puede dibujar, gratis y en segundos, con una cinta métrica.

Referencia: Dardari ZA et al. JACC 2026;88(6):670-684 (Cross-Cohort Collaboration).

Este blog tiene finalidad divulgativa y no sustituye la consulta médica individual. Si tienes síntomas o dudas sobre tu salud cardiovascular, consulta con un profesional.